viernes, 27 de febrero de 2009
Partir, es como dejar atrás
los restos de un naufragio,
las ilusiones truncadas,
es abandonar los trozos
de tu alma desgarrada.
Que con el paso del tiempo
quedaron donde ahora están,
serán esas quimeras ocultas
entre polvo y telarañas
en los rincones del desván.
Porque, quién te rescatará
de entre los escombros,
del exilio y la melancolía,
sufriendo eternamente
de ausencia, de lejanía.
Partir es dejar tras de ti
un corazón divido,
es, como un vacío interior,
evocador de lo perdido
temeroso de lo desconocido.
Al partir vas olvidando
vestigios de la infancia,
de la juventud perdida,
rastros irrecuperables
para el resto de tus días.
Allí quedarán relegados
los fantasmas del pasado,
para abandonar tras de sí
el polvo de lo que fuimos,
se van perdiendo las huellas
por enfangados caminos,
para no saber al final
si marchamos o huimos.
Al partir mueren los sueños
que no alcanzaron a nacer,
más una vez lejos de aquí
a quién le podré describir
los sueños que ayer perdí.
